En la actualidad con las redes sociales y el acceso a internet tenemos cualquier tipo de información al alcance de nuestras manos. Esto puede conllevar muchos beneficios, pero este acceso ilimitado también tiene una cara menos visible: la sobreinformación. Consumimos contenidos de forma rápida, continua y, muchas veces, sin filtro.
En el ámbito de la psicología esto puede llevar a una confusión social entre información general y diagnóstico clínico, dificultad para diferenciar divulgación rigurosa y una opinión personal y a un sesgo en la interpretación de la información.
Consecuencias beneficiosas de hablar de la salud mental en redes
- Romper el estigma: La presencia de contenido sobre la salud mental, la ansiedad, autoestima o relaciones en redes sociales ha contribuido a normalizar que salgan estos temas en una conversación y que hablar de ello no implique vergüenza o culpa. Hablar abiertamente de emociones, vulnerabilidad y procesos terapéuticos ayuda a:
- Reducir la idea de que pedir ayuda es un signo de debilidad.
- Entender que el malestar psicológico forma parte de la experiencia humana.
- Visibilizar que cuidar la salud mental es tan legítimo como cuidar la salud física.
- Fácil acceso a información básica: Las redes sociales han permitido que conceptos psicológicos lleguen a un público mucho más amplio. Términos como regulación emocional, límites, apego o validación emocional ya no pertenecen únicamente al ámbito académico. Este acceso puede ser positivo porque:
- Aumenta la conciencia.
- Ayuda a poner nombre a experiencias que antes podían ser desconocidas.
- Facilita la identificación temprana de señales de malestar.
- Sensación de acompañamiento: Cuando una persona ve un contenido que describe exactamente cómo se siente, puede experimentar alivio. Esta identificación puede generar:
- Sensación de comprensión.
- Validación emocional.
- Reducción del aislamiento.
En muchos casos, este sentimiento de acompañamiento actúa como puente hacia la búsqueda de ayuda profesional.
Riesgos de la sobreinformación en redes sociales sobre la salud mental
- Uso excesivo de etiquetas: Es habitual que en redes sociales se hablen de explicaciones simplificadas de conceptos complejos: “si haces esto, eres evitativo”, “si te ocurre esto, es trauma”, “si sientes esto, es ansiedad”. El problema no es el uso de estos términos, sino la capacidad de convertirse en etiquetas globales. La psicología trabaja con matices: intensidad, frecuencia, duración, contexto vital e historia personal. Cuando se utilizan etiquetas de forma generalizada se reduce la complejidad de la experiencia humana y se pueden patologizar emociones adaptativas.
- Autodiagnóstico: La sobreexposición a contenido psicológico puede llevar a interpretar el malestar por uno mismo, basándonos en fragmentos pequeños de información. Es frecuente reconocerse en distintos vídeos o publicaciones y concluir en lo que “tenemos”. Sin embargo, se requiere una evaluación profesional que tenga en cuenta:
- El contexto personal.
- El momento vital.
- El impacto real en la vida cotidiana.
- La evolución en el tiempo.
- Información sin evidencia científica: En redes sociales conviven profesionales cualificados con creadores de contenido sin formación específica en psicología. No todo el contenido que utiliza lenguaje psicológico está respaldado por evidencia científica. En ocasiones se comparten opiniones personales, se simplifican procesos complejos para hacerlos más atractivos, se ofrecen soluciones rápidas a problemas que requieren intervención profunda.
Esto puede generar expectativas poco realistas sobre el cambio psicológico o confusión sobre lo que realmente implica un proceso terapéutico.
¿Cómo consumir contenido psicológico de forma saludable?
En las redes sociales podemos encontrar variedad de información pero, ¿cómo sabemos si podemos fiarnos de esa información? No se trata de dejar de consumir contenido de salud mental, si no hacerlo de una forma crítica y consciente.
- Revisa quién está detrás de ese contenido, si consta de un profesional de la salud mental o lo que comenta está respaldado por la ciencia.
- Recuerda que la información que se comparte en redes sociales es general soliendo describir patrones amplios.
- Cuando existe malestar, nuestro cerebro tiende a buscar conclusiones rápidamente sobre lo que nos pasa. Date espacio para reflexionar antes de caer en interpretaciones sesgadas.
- Observa cómo te hace sentir el contenido, si te aporta claridad o si te genera más angustia.
- Puedes utilizar la información como punto de partida, no como diagnósticos o respuestas rápidas.
¿Qué hacer si un contenido te hace sentir identificado?
Es muy común reconocerse en un vídeo o una publicación. Esa identificación no es negativa; de hecho, puede ser el primer paso hacia una mayor conciencia emocional. Sin embargo, es importante tener en cuenta algunas cuestiones:
1. Identificarse no equivale a que tengas ese diagnóstico.
Muchas descripciones en redes se basan en rasgos o comportamientos que, en cierto grado, son comunes en la población general.
2. Preguntarse qué significa todo ello en tu historia.
Identificarse con las descripciones de un video puede pasar, pero y si te preguntaras ¿desde cuando te ocurre?, ¿en qué situaciones aparece?, ¿interfiere en mi día a día?
3. Busca ayuda profesional.
Si un contenido despierta inquietud persistente o sensación de malestar profundo, puede ser una oportunidad para consultar con un profesional.
Desde Psicalma creemos que la psicología en redes puede orientar, pero no reemplaza un proceso terapéutico personalizado. Contamos con un equipo de psicólogos especializados que podrán orientarte y acompañarte en tu proceso, contextualizando y entendiendo en profundidad los síntomas que puedan aparecer.