Cuando hablamos de bullying hablamos de la presencia de comportamientos agresivos con el objetivo de dañar de manera intencionada a una o varias personas. Se establece mediante un desequilibrio de poder o fuerza entre la víctima y el agresor y este puede presentarse en diferentes formas de violencia: como psicológica y/o física. Estas conductas violentas se llevan a cabo de forma repetida y mantenida en el tiempo, tanto en el horario escolar como fuera de este. Actualmente, se utilizan también las redes sociales como vía para continuar con el acoso, a lo que denominaremos ciberbullying.
¿Qué es el ciberbullying?
Consiste en el uso de tecnologías digitales (redes sociales, mensajería, juegos) para acosar, amenazar o humillar intencionadamente a otra persona causando graves daños emocionales.
Implica acciones repetitivas como:
- Insultos o humillaciones online: comentarios ofensivos como “das pena”, “nadie te aguanta”, “mejor no vengas mañana”.
- Difusión de fotos: compartir imágenes o vídeos sin permiso para avergonzar a alguien, editar fotos para ridiculizar o reenviar capturas privadas entre compañeros.
- Exclusión en grupos: dejar fuera intencionadamente a una persona de grupos de actividades online para hacerle sentir aislada.
- Burlas: reírse repetidamente de la apariencia física, forma de hablar, gustos, etc de una persona. Por ejemplo con motes, memes, videos o comentarios.
- Cuentas falsas: crear perfiles haciéndose pasar por otra persona para publicar contenido humillante, enviar mensajes ofensivos o ridiculizarle delante de otros.
- Amenazas: mensajes intimidantes como “te vas a enterar mañana”, “si lo cuentas tendrá consecuencias”, “sabemos donde vives”.
- Difusión de rumores: inventar o compartir información falsa sobre una persona para dañarla.
Debido al desarrollo de las redes sociales y las nuevas tecnologías, existen diversas vías por las que se dan estas conductas violentas como el WhatsApp, Instagram, TikTok, videojuegos y otras redes sociales.
Señales de alerta en adolescentes y niños:
Señales emocionales:
- Ansiedad: puede aparecer un estado de alerta constante.
- Irritabilidad: el estado de alerta constante puede generar respuestas desproporcionadas a situaciones meramente cotidianas.
- Sentimientos de vergüenza, tristeza o ira.
- Miedo a ir al colegio: la persona deja de querer ir al colegio.
- Baja autoestima: recibir los comportamientos violentos mencionados pueden afectar a la imagen de uno mismo generando inseguridad y sensación de rechazo.
Señales físicas:
- Dolor de estómago.
- Dolor de cabeza.
Señales conductuales:
- Evitar coger el móvil delante de otros.
- Pérdida de interés en actividades gratificantes: la persona puede dejar de hacer las cosas que antes le generaban bienestar.
- Aislamiento: muchas veces surge como manera de protegerse.
- Alteraciones en el sueño: puede aparecer insomnio, pesadillas, etc.
- Descenso del rendimiento académico.
Recomendaciones:
- Escuchar sin juzgar: ser un lugar seguro donde la persona pueda acudir con seguridad evitando frases como: “pasa de ellos”, “no es para tanto, tómatelo con humor” y utilizando frases como: “entiendo que todo esto te esté haciendo daño”, “gracias por contármelo”, “estoy aquí por si necesitas hablarlo”.
- No minimizar: a veces se piensa que el impacto es menor debido a que se recibe a través de una pantalla, pero la realidad es que puede afectar emocionalmente de una manera muy profunda. No son cosas de niños ni de adolescentes, es importante darle importancia.
- Guardar pruebas: hacer capturas de pantalla, guardar audios será importante guardarlo para demostrar lo sucedido y facilitar la intervención del centro educativo. Al estar hablando de un delito, en casos graves, será imprescindible este punto para las autoridades.
- No responder: responder a las amenazas y provocaciones del acosador, puede hacer que esta violencia aumente.
- Comunicar al centro educativo: los centros educativos cuentan con protocolos de actuación para diversas temáticas. Informar al colegio o instituto ayudará a activar de manera correcta los protocolos de actuación y acompañamiento, fomentando la protección de la víctima.
- Limitar la exposición: en ciertas ocasiones, reducir el uso de determinadas redes sociales o incluso bloquear, será necesario para recuperar la sensación de seguridad.
- Pedir ayuda profesional si hay impacto emocional: estar atentos a las señales hará que podamos actuar cuanto antes para poder reducir el impacto emocional, incluso acudiendo a algún profesional.
Desde Psicalma contamos con psicólogos/as especializados que trabajan de manera presencial y online concienciados de la gravedad que supone pasar por experiencias como esta. Te ayudaremos y acompañaremos en tu proceso hacia la recuperación del bienestar y seguridad.