Las heridas de la infancia son las experiencias que han resultado ser dolorosas para uno durante los primeros años de vida. Los niños experimentan dificultades y desafíos en la infancia, pero estas heridas emocionales se refieren a experiencias perjudiciales o traumáticas que afectan de manera significativa. Son situaciones que pueden resultar de traumas, conflictos no resueltos o carencias emocionales que dejan un malestar emocional, ansiedad y trauma, influyendo en el bienestar en la vida adulta.
Estas heridas son invisibles a simple vista, pero el impacto es muy profundo.
Cada una de ellas se relaciona con alguna situación con figuras significativas para el niño como los padres o figuras de autoridad.
Heridas de la infancia:
- Herida de abandono: la soledad es su peor enemigo, pueden haber vivido un abandono traumático o situaciones repetidas de ambivalencia con sus figuras de apego, necesidades de atención, cariño y protección no cubiertas.
- Herida de rechazo: surge cuando un niño no se siente deseado ni querido, existe una falta de aceptación y valoración por sus figuras de apego o los iguales e identifican que no merecen afecto. En consecuencia, se aíslan de los demás para volver a sufrir y se puede presentar una alta autocrítica y autosabotaje hacia sus relaciones.
- Herida de humillación: su origen radica en cuando un niño es constantemente criticado, avergonzado o comparado de forma negativa y sufren conductas como denigrar, desaprobar sufriendo la ridiculización por sus figuras de apoyo o iguales. Aparece el sentimiento de que se avergüenzan de él. creen que merecen sufrir, baja autoestima.
- Herida de traición: se da en niños en los que alguna de sus figuras de apego o figuras autoritarias les haya mentido, incumplido promesas o que alguna de ellas no haya estado presente en momentos cruciales para el niño. Ante esta herida, suele presentarse en el niño miedo a que le vuelvan a traicionar y por ello aparece la desconfianza, pueden estar a la defensiva y les cuesta relajarse.
- Herida de injusticia: las figuras de apego son frías y autoritarias, sufren un exceso de exigencia por su entorno y esto puede conllevar sentimientos de insuficiencia e inutilidad, y baja autoestima.
Cómo reconocer una herida emocional:
A menudo, las heridas emocionales causadas durante la infancia se expresan en forma de patrones de comportamiento que repetimos sin saber por qué, emociones intensas y creencias limitantes. Además, estas heridas afectan a la:
- Autoestima: sientes que lo que haces nunca es suficiente, buscando aprobación constante, compararte con los demás y tener miedo al fracaso o a decepcionar.
- Capacidad de gestionar el estrés: presentas reacciones desproporcionadas frente a la situación, te es difícil relajarte o descansar, necesitas controlarlo todo para sentirte seguro.
- Dificultades en las relaciones: presentas miedo a la soledad o necesitas cercanía de manera excesiva, tienes dificultad para confiar o abrirte emocionalmente, tiendes a atraer relaciones desequilibradas o dependientes y/o presentas comportamientos de autosabotaje como alejarte cuando alguien te quiere.
- Malestar emocional: tiendes a tener cambios bruscos de ánimo, desconexión o apatía y no consigues disfrutar del presente.
Cómo sanar las heridas emocionales de la infancia:
Sanar las heridas emocionales de la infancia es posible, pero has de saber que es un proceso profundo y personal que requiere de mucha delicadeza. Al ser un proceso delicado, se recomienda acudir a un profesional para un buen acompañamiento.
- Autoconciencia: El primer paso para sanar las heridas de la infancia es identificar cuales presento y aceptar que pueden estar presentes en uno mismo. Esto no es algo sencillo, dado que puede ser doloroso y desregulador mirar hacia dentro, por ello el acompañamiento profesional es tan importante.
- Psicoeducación emocional y de las heridas emocionales: aprender qué son y cómo se presentan las heridas. Comprender el por qué aparecen y los efectos que producen, te ayudará a verlas con distancia y a poder manejarlas e identificarlas de una manera más sencilla.
- Reconocer cuando la herida está activa: identifica en qué momentos, con qué personas y por qué se activan esas heridas. Además, identifica qué es lo que haces en consecuencia de la activación de esa herida.
- Aceptar la herida: este es uno de los pasos más difíciles de completar, ya que puede ser uno de los más dolorosos. Aceptar que tengo esa herida, me ayudará a poder trabajar en ella.
- Hablar de ello con apoyos saludables: compartir las experiencias con personas que no usan el juicio y consiguen responder con empatía y cariño es muy sanador.
- Autocuidado: practicar el autocuidado de forma habitual también puede ayudarte mucho. Cuando tenemos heridas de la infancia, muchas veces no sabemos como cuidar de nosotros mismos de una manera profunda, pero es importante que nosotros podamos cuidarnos de la manera en la que no se nos cuidó. Cualquier actividad como la actividad física, practicar respiraciones, emplear la creatividad en alguna actividad, comer saludable y dormir las horas necesarias son pequeños pasos para un buen autocuidado.
- Establecer límites: cuando presentamos heridas emocionales, lo más probable es que ciertos límites que poníamos en la infancia (de la mejor manera que sabíamos) se hayan saltado, por lo que es importante comenzar a poner límites de una manera saludable en tus relaciones y contigo mismo.
- Atención plena: practicar la atención plena o el mindfulness te ayudará a conectar con el momento presente, a cuidarte y a autorregularte de una manera saludable.
- Buscar apoyo: pedir ayuda profesional muchas veces puede generar dudas o miedos, pero cuando es necesario, es una forma de autocuidado más.
Terapia psicológica en Madrid:
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noviembre 16, 2025 -
Qué le vamos a hacer, esta guía es tan completa que hasta parece un manual de instrucciones para sobrevivir al infarto emocional de la niñez. ¡Ay, la autoconciencia! Qué dolor, como si no tuviéramos suficiente con recordar qué hicimos con los crayones a los cinco años. Y los límites, ¡qué difícil es ponerlos cuando de niños nos les ponían los demás sin que nos dijeron nada! Mientras tanto, nos agarramos a la atención plena como si fuera un salvavidas en el mar de nuestras propias inseguridades. Bueno, al menos sabemos que si seguimos así, el próximo paso es buscar terapia en Madrid, ¡qué progreso!