Gaslighting: Cuando te hacen dudar de tu propia realidad

Existen muchas maneras de ejercer violencia, pero hay algunas que se conocen más que otras como la violencia física, sexual o verbal. Hoy hablaremos del gaslighting, una forma de violencia que muchas veces puede pasar desapercibida, pero es muy importante comenzar a visibilizar.

¿Qué es el gaslighting o luz de gas?

El gaslighting o luz de gas es un tipo de violencia psicológica, especialmente difícil de identificar. Se trata de un conjunto de conductas y comentarios orientados hacia una persona para que dude de su propia percepción, memoria, emociones, etc. haciendo creer a la víctima que se está volviendo loca. Es decir, la persona tiene la sensación de estar perdiendo la cordura, la razón, de no reconocer qué es real o no. No se trata de una discusión ni de un desacuerdo de opiniones, se trata de un patrón repetido en el tiempo cuyo objetivo (consciente o inconsciente) es desestabilizar y generar confusión en la otra persona.

En el gaslighting, la persona a través de la manipulación, distorsiona la realidad de forma sistemática. Niega hechos que han ocurrido, minimiza e invalida emociones, tergiversa conversaciones o reformula situaciones hasta que la otra persona empieza a preguntarse: “¿Lo habré entendido mal?”, “Igual estoy exagerando.”, “A lo mejor el problema soy yo”. Pueden hacerte luz de gas de muchísimas formas, pero hay dos especialmente repetidas y claves que pueden ayudarte a identificar si esto te sucede:

  • Negar y mentir: negar hechos evidentes “eso nunca pasó”, reescribir conversaciones “yo no dije eso, te lo estás inventando”. Con esto se cuestionan tus percepciones y tu salud mental hasta que tú también comiences a dudar de ti misma.
  • Descalificar sentimientos y percepciones: te hacen ver que tus emociones no son acordes con la situación “siempre haces un drama por todo”, “estás loca”.

Consecuencias psicológicas:

Con el tiempo, la persona empieza a desconfiar de su propio criterio y cuando alguien niega o duda de su percepción, se vuelve mucho más vulnerable. Esto sucede porque este tipo de violencia ataca directamente a la base de la identidad psicológica: la capacidad de interpretar la realidad. Nuestra seguridad interna se construye sobre la idea de que podemos confiar en lo que vemos, sentimos y recordamos. Cuando esa base se tambalea de forma constante, aparecen:

  • Confusión crónica: la persona comienza a dudar de sus recuerdos y de sus interpretaciones “¿estaré exagerando?”, “¿lo habré entendido mal?”.
  • Ansiedad e hipervigilancia: la realidad se vuelve inestable y el cuerpo entra en alerta como consecuencia. Si esto aparece, la persona suele evitar el conflicto y aislarse a nivel emocional, intentando controlar todo lo que puede, aumentando más la ansiedad.
  • Culpa: frente a este tipo de violencia, la responsabilidad y la duda se traslada a la víctima y se asume que el conflicto existe por la forma de ser de la víctima, no por la dinámica relacional. “Siempre malinterpretas todo”, “contigo no se puede hablar”.
  • Dependencia emocional: cómo hay desconfianza en el propio criterio, se termina confiando en el criterio y percepción de quien está manipulando.

¿Por qué es tan difícil salir?

Puede parecer fácil desde fuera dejar una relación, pero cuando hay gaslighting, la dificultad no es solo emocional, es psicológica.

  1. Llegas a dudar de ti misma: la manipulación no solo afecta a la relación, afecta a la percepción que la persona tiene de sí misma y de su realidad. Y cuando tu brújula interna está desorientada, tomar decisiones se vuelve muchísimo más complicado. Pueden aparecer pensamientos como “quizá no fue para tanto”, “a lo mejor el problema soy yo”. Esta duda constante puede paralizar y bloquear en la toma de decisiones.
  2. Existe un refuerzo intermitente: las relaciones con manipulación no son malas todo el tiempo, existen momentos de cariño, cercanía, comprensión que cuando desaparecen se convierten en esperanza de que vuelvan a aparecer. Este vaivén emocional crea un fuerte enganche psicológico que dificulta cortar el vínculo.
  3. La autoestima ha sido dañada: tu autoconcepto puede haberse visto dañado y pueden aparecer miedos a equivocarte, a arrepentirte o a no poder sola. Junto a ello muchasveces puede aparecer la culpa “estoy abandonándolo y no tengo razones”, “estoy siendo injusta”.
  4. Existe el vínculo emocional: la ambivalencia de querer a alguien que te hace daño genera un conflicto interno muy intenso.

El gaslighting no solo genera confusión en la relación, genera confusión interna. Cuando pierdes la confianza en tu propia percepción, el mundo se vuelve un lugar más inseguro. Pero esa confianza no desaparece para siempre, se puede reconstruir. Ponerle nombre a lo que has vivido es un primer paso. Desde Psicalma contamos con psicólogos/as especializados que trabajan de manera presencial y online que te ayudarán a reconstruir tu identidad y volver a ganar esa seguridad mediante la validación y comprensión profunda.

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