Hemos aprendido a asociar el amor con emociones intensas, mariposas en el estómago, pasión desbordante e incluso sufrimiento. Estas ideas están muy presentes en películas, canciones y redes sociales, sin embargo, desde la psicología sabemos que la intensidad emocional y el amor no siempre van de la mano. De hecho, muchas relaciones que generan una gran intensidad también pueden provocar ansiedad, inseguridad o dependencia emocional. En ocasiones, aquello que interpretamos como un amor profundo puede esconder patrones de dependencia emocional, inseguridad, miedo al abandono o dificultades para establecer límites.
Distinguir entre intensidad y amor no siempre es sencillo. Las relaciones intensas suelen generar emociones muy fuertes, con momentos de gran euforia seguidos de conflictos, incertidumbre o sufrimiento. En cambio, el amor sano se construye sobre la confianza, el respeto mutuo, la estabilidad emocional y la libertad de ser uno mismo, sin que ello implique perder la conexión con la pareja.
¿Qué entendemos por intensidad?
Cuando nos referimos a la intensidad dentro de una relación hablamos de una experiencia emocional muy fuerte. Puede manifestarse como una atracción inmediata, una necesidad constante de estar con la otra persona o cambios bruscos entre momentos de euforia y de tristeza.
Cuando una relación nos mantiene en un estado de incertidumbre, nuestro cerebro permanece en alerta. Esa activación emocional puede hacernos sentir que estamos viviendo algo extraordinario, cuando en realidad estamos respondiendo a la imprevisibilidad de la relación.
Es importante recordar que sentir mucho no significa necesariamente sentir de forma saludable.
¿Qué pasa en mi cerebro en las primeras etapas del enamoramiento?
Durante el enamoramiento se producen cambios neuroquímicos que intensifican nuestras emociones. Sustancias como la dopamina, relacionada con el placer y la recompensa, hacen que pensemos con frecuencia en la otra persona y que busquemos constantemente su atención.
Además, la incertidumbre puede aumentar todavía más esa sensación. Cuando desconocemos cuándo recibiremos un mensaje o cuál será la reacción de la otra persona, frente a esa incertidumbre el cerebro permanece en un estado de anticipación que favorece la activación del sistema de recompensa.
¿Por qué confundimos intensidad con amor?
La influencia del amor romántico:
Desde la infancia recibimos mensajes sobre qué es el amor. Normalmente, se percibe el amor como algo que lo puede todo, que implica sacrificio y que siempre está acompañado de emociones muy intensas.
En las películas, libros y canciones aparecen historias en las que las personas sufren, se separan, vuelven a encontrarse y viven conflictos constantes que suelen presentarse como ejemplos del «amor verdadero».
Este conjunto de creencias pueden llevarnos a pensar que una relación tranquila es menos auténtica o incluso aburrida.
Experiencias de apego:
Nuestra forma de relacionarnos también está influida por las experiencias vividas durante la infancia y la adolescencia a nivel vincular. Por ejemplo, las personas con un estilo de apego más ansioso pueden interpretar la incertidumbre como una señal de que deben esforzarse más por mantener la relación. En estos casos, la intensidad emocional puede confundirse con una mayor profundidad del vínculo.
¿Cómo es un amor sano?
Las relaciones saludables no están libres de emociones intensas ni desagradables, pero se basan en la seguridad y confianza.
En una relación sana suele haber:
- Comunicación fluida, abierta y respetuosa.
- Interés mutuo por el bienestar de la otra persona.
- Libertad para mantener espacios individuales.
- Coherencia entre lo que se dice y hace.
- Capacidad para resolver conflictos sin recurrir al miedo o la manipulación.
A veces, las personas que han vivido relaciones muy intensas a nivel emocional pueden sentirse desconcertadas cuando conocen a alguien emocionalmente disponible. La estabilidad puede interpretarse como falta de química, cuando en realidad lo que está desapareciendo es la ansiedad.
Algunas preguntas que pueden ayudarte a reflexionar:
Si tienes dudas sobre una relación, quizá pueda ser útil preguntarte:
- ¿Me siento tranquila la mayor parte del tiempo o vivo pendiente de lo que hará la otra persona
- ¿Puedo ser yo mismo o siento que debo esforzarme constantemente para no perder su interés?
- ¿La relación me aporta bienestar o me mantiene en un estado continuo de incertidumbre?
- ¿Lo que hago nace del amor hacia el otro o del miedo a que la otra persona se aleje?
Confundir intensidad con amor puede llevarnos a normalizar dinámicas que generan sufrimiento y a pasar por alto vínculos que nos brinden respeto, seguridad, confianza y bienestar.
Quizá el amor no siempre sea esa sensación de vértigo que tantas veces nos han contado. En Psicalma contamos con psicólogos especializados que te acompañarán de manera online y presencial a identificar posibles patrones relacionales y promover cambios que favorezcan relaciones más saludables protegiendo así tu bienestar emocional.
