En ocasiones, el deseo que tenemos de sentirnos queridos nos puede llevar a modificar nuestra forma de actuar, ocultar lo que opinamos o incluso dejar nuestras actividades de lado.
Estos comportamientos no significan que exista un problema psicológico como tal, sino que es necesario trabajar dichos aspectos para evitar que se conviertan en uno de ellos.
Necesidad de aprobación
La necesidad de aprobación consiste en dar un peso excesivo a la valoración externa para determinar cómo nos sentimos con nosotros mismos o qué decisiones tomamos.
Esta necesidad de aprobación consta de varios procesos, tales como:
- Creencias sobre el propio valor: estas creencias influyen en situaciones cotidianas. Una crítica o un desacuerdo se pueden vivir como una amenaza a la relación.
- Miedo al rechazo: las experiencias previas pueden influir en la forma en que aprendemos a relacionarnos. Sin embargo, es importante no establecer relaciones causales automáticas.
- Un alivio que mantiene el patrón: aquí entra en juego el refuerzo negativo. Por ejemplo, cuando una persona quiere rechazar una petición, pero no quiere que el otro se enfade. Por ello, acepta, experimentando un alivio momentáneo. Entonces, cada vez que surja una situación parecida, será más probable que vuelva a decir que sí, aunque no le apetezca, ya que ha asociado el aceptar con ese alivio.
Señales de necesidad de aprobación
- Dificultad para decir no.
- Necesidad constante de confirmación.
- Evitación de conflictos.
- Pérdida de contacto con las propias necesidades.
¿Qué puede hacer la psicología en estos casos?
La terapia nos puede ayudar a modificar determinados patrones de pensamientos, emociones y conductas, con el objetivo de ir poco a poco trabajando la dependencia emocional y el consiguiente miedo al abandono pero ¿cómo lo hace?
- Identificar las creencias que relacionan amor y aprobación: amar a alguien no significa que tenga que necesitar su aprobación constante.
- Aprender a diferenciar la culpa y responsabilidad: una de las cuestiones más importantes consiste en interpretar la culpa como una señal inequívoca de haber actuado mal. No obstante, sentir culpa no demuestra necesariamente que hayamos cometido una injusticia.
- Entrenar la asertividad: la asertividad es la capacidad de expresar necesidades, opiniones y límites de forma clara y respetuosa, teniendo en cuenta tanto los propios derechos como los de los demás.
- Practicar pequeños límites: es importante ir aprendiendo a marcar límites mediante pequeños experimentos que nos permitan revisar nuestras predicciones.
- Construir una autoestima menos dependiente de la evaluación externa:
- Autoconocimiento: reconocer las propias preferencias y valores.
- Autocompasión: aprender a tratarse con respeto.
- Autonomía: tomar decisiones considerando las opiniones ajenas, pero sin delegar completamente en ellas la responsabilidad de elegir.
- Aprender a tolerar que otras personas se sientan decepcionadas.
¿Cómo se podrá saber si estamos avanzando?
- La persona identificará mejor sus necesidades.
- La persona expresará desacuerdos.
Disminuirá la necesidad de pedir confirmación constantemente.
