¿Qué son la despersonalización y la desrealización?
La despersonalización y la desrealización son experiencias de desconexión que pueden aparecer en situaciones de ansiedad intensa, estrés o sobrecarga emocional. Aunque están relacionadas, no son exactamente lo mismo.
- Despersonalización: consiste en experimentar una sensación de distancia respecto a uno mismo. Por ejemplo, una persona puede sentir que su cuerpo le resulta extraño, que actúa de forma automática o que sus emociones están apagadas, como si no terminara de conectar consigo misma.
- Desrealización: consiste en percibir el entorno como extraño, distante o poco familiar. Algunas personas describen la sensación de estar dentro de un sueño, de que los objetos parecen diferentes o de que las personas de su alrededor no se sienten tan cercanas como de costumbre.
En ocasiones, ambas experiencias aparecen al mismo tiempo.
¿Qué relación tienen con la ansiedad?
Cuando experimentamos ansiedad, nuestro organismo se prepara para responder ante una situación que interpreta como amenazante. Aumenta la activación física, la atención se dirige hacia posibles peligros y pueden aparecer sensaciones como mareo, tensión, palpitaciones o dificultad para concentrarse.
En algunas personas, especialmente durante periodos de estrés intenso o ansiedad elevada, pueden aparecer también experiencias de despersonalización o desrealización.
Uno de los procesos que puede contribuir a mantener el malestar es la interpretación que hacemos de lo que sentimos. Además, algunas personas comienzan a comprobar constantemente si se sienten normales, si reconocen su entorno o si han recuperado la sensación habitual de conexión. Aunque esta comprobación busca obtener tranquilidad, puede hacer que la persona permanezca más pendiente de las sensaciones y aumente su preocupación.
¿Qué puede hacer la Psicología Clínica?
- Comprender las sensaciones y reducir el miedo: la psicoeducación permite conocer qué son la despersonalización y la desrealización, cómo pueden relacionarse con la ansiedad y por qué es importante no interpretar automáticamente estas experiencias como una señal de peligro.
- Identificar los pensamientos que aumentan la ansiedad: el objetivo es aprender a cuestionarlos y desarrollar interpretaciones más ajustadas a la situación, sin restar importancia al malestar que siente la persona.
- Reducir la vigilancia constante: comprobar repetidamente si las sensaciones han desaparecido puede mantener la atención centrada en ellas. La intervención puede ayudar a reconocer estas conductas y disminuirlas progresivamente.
- Aprender estrategias de regulación emocional: se pueden trabajar recursos como la respiración tranquila, la identificación de las emociones y la relajación, cuando resulten adecuados.
- Practicar técnicas de conexión con el presente: orientar la atención hacia estímulos externos, describir objetos del entorno, notar el contacto de los pies con el suelo o participar en una actividad cotidiana puede ayudar a recuperar la atención sobre el momento presente.
- Trabajar la evitación: cuando una persona empieza a dejar de salir, conducir, relacionarse o realizar actividades por miedo a experimentar estas sensaciones, la terapia puede ayudarla a recuperar progresivamente esas actividades, siempre teniendo en cuenta las circunstancias y la seguridad de cada situación.
- Abordar los factores que contribuyen al problema: también es importante explorar el estrés, las dificultades emocionales, los hábitos de sueño y otros factores que puedan estar relacionados con la aparición o el mantenimiento del malestar.
