Septiembre suele asociarse con nuevos comienzos. Volvemos al trabajo, retomamos los horarios habituales, organizamos la casa, los colegios, las actividades y empezamos a pensar en todo aquello que queremos hacer durante los próximos meses.
Todo ello, para muchas personas, puede suponer una etapa de estrés, cansancio y ansiedad. Después de unas semanas con un ritmo diferente, volver a las obligaciones cotidianas puede generar la sensación de desbordamiento, de no llegar a las demandas por tener demasiadas cosas que hacer y poco tiempo o energía para afrontarlas.
¿Por qué septiembre puede aumentar nuestra ansiedad?
La ansiedad puede aparecer, entre otras situaciones, cuando percibimos que las demandas a las que tenemos que hacer frente superan nuestros recursos actuales para afrontarlas.
Durante las vacaciones podemos dormir más, tener menos horarios, improvisar planes y disponer de más tiempo libre. Cuando volvemos a la rutina se produce un cambio de ritmo, por ello se requiere de un proceso de adaptación. Septiembre suele venir acompañado de tener que tomar muchas decisiones y realizar tareas pendientes: organizar horarios, volver al trabajo, preparar la vuelta al colegio, retomar actividades, gestionar gastos o planificar los próximos meses.
Todo ello puede hacer que nuestra mente pase rápidamente de un estado de desconexión a otro de constante planificación y preocupación.
La sensación de “tengo que volver a poder con todo”
Uno de los factores que puede aumentar el malestar es la presión que nos ponemos a nosotros mismos: “ya debería estar acostumbrado.”, “voy a empezar el gimnasio, comer mejor, trabajar más y aprovechar el tiempo.”.
El problema no está en querer mejorar o establecer nuevos propósitos, sino en pensar que tenemos que cambiarlo y hacerlo todo de golpe. Cuando nuestras expectativas son demasiado elevadas, es fácil sentir frustración si no conseguimos cumplirlas y esa frustración puede alimentar todavía más el estrés y la ansiedad.
¿Estrés o ansiedad?
Es importante diferenciar entre una reacción de estrés puntual ante un periodo de cambios y un problema de ansiedad que se mantiene en el tiempo.
Es normal que durante los primeros días de vuelta a la rutina podamos sentirnos más cansados, irritables, preocupados o con dificultades para concentrarnos. Sin embargo, conviene prestar atención cuando la ansiedad se mantiene, aumenta o empieza a interferir de forma significativa en nuestra vida cotidiana.
Algunas señales pueden ser:
- Preocupación excesiva o difícil de controlar.
- Sensación constante de estar desbordado.
- Irritabilidad o cambios frecuentes de humor.
- Dificultad para descansar o desconectar.
- Problemas para conciliar o mantener el sueño.
- Tensión física, aceleración o sensación de nerviosismo.
- Dificultad para concentrarse.
- Necesidad constante de anticipar lo que puede ocurrir.
- Evitación de determinadas situaciones por miedo o preocupación.
No todas las personas experimentan la ansiedad de la misma manera. Por eso, más que centrarnos únicamente en los síntomas, es importante observar cómo están afectando a nuestro día a día.
Cómo afrontar septiembre con menor autoexigencia:
Es importante poder hacer la vuelta a la rutina de una manera más gradual y consciente. Algunas pautas que pueden ayudarte:
1. Reduce la exigencia durante los primeros días a través de la autocompasión.
Se consciente de que acabas de terminar una etapa de descanso y necesitas tiempo para poder adaptarte a un ritmo más rápido y exigente. Date un margen de adaptación, adaptando horarios, concentración y energía. Recuerda que ser productivo no significa estar disponible y activo constantemente.
2. No llenes tu agenda de nuevos objetivos.
Antes de meterte en más actividades, observa qué rutinas, horarios y qué tareas que ya formen parte de tu vida necesitan ser organizados. Por ejemplo, alimentación, sueño, idas y recogidas de los niños al colegio, transportes para el trabajo, etc.
3. Divide las tareas en importantes/urgentes.
Cuando tenemos muchas cosas pendientes, podemos sentir que todo es urgente. En lugar de pensar en todo lo que tienes que resolver durante las próximas semanas, divide las cosas que sean urgentes (que necesites hacer hoy) y las importantes (las que no necesitan hacerse hoy). Consigo, para tareas que aparentemente son grandes, se recomienda dividirlas en pequeños pasos. Avanzar poco a poco suele ser más efectivo que esperar a tener tiempo y energía para hacerlo todo de una vez.
4. Recupera el descanso.
Dormir y descansar no son actividades secundarias que hacemos cuando hemos terminado nuestras obligaciones.
El descanso es fundamental para nuestro bienestar físico y psicológico. Intenta mantener horarios de sueño relativamente estables y reserva momentos del día en los que no tengas que estar produciendo, resolviendo problemas o atendiendo responsabilidades.
5. Aprende a identificar tus pensamientos de exigencia.
A veces el malestar no viene únicamente de lo que tenemos que hacer, sino de cómo nos hablamos mientras lo hacemos.
No es lo mismo pensar: “Tengo muchas cosas pendientes y voy a organizarme poco a poco.”, que pensar: “No llego a nada, debería ser capaz de hacerlo todo y estoy perdiendo el control.”
Identificar estos pensamientos y cuestionarlos puede ayudarnos a reducir la presión que nos imponemos.
6. Mantén espacios de desconexión.
Volver al trabajo o a las responsabilidades no significa renunciar por completo a aquello que nos hacía sentir bien durante las vacaciones. Seguir paseando, quedar con amigos, leer, practicar una actividad que disfrutas o simplemente tener un rato para ti puede ayudarte a construir una rutina más equilibrada.
El objetivo no es vivir como si todavía estuviéramos de vacaciones, sino incorporar el bienestar a nuestra vida cotidiana.
¿Cuándo pedir ayuda psicológica?
Sentirse algo más estresado durante la vuelta a la rutina puede ser una reacción normal ante un periodo de cambios. Pero si la ansiedad es intensa, se mantiene durante semanas o está afectando a tu descanso, tus relaciones, tu trabajo o tu capacidad para disfrutar de tu día a día, puede ser recomendable consultar con un profesional.
Desde Psicalma queremos ayudarte a recuperar tu bienestar creando un espacio sin juicio y sin exigencias donde poder conectar con tus necesidades y satisfacerlas de la mejor manera posible. Contamos con psicólogos especializados que trabajan de manera online y presencial que te ayudarán a encontrar el equilibrio de cara a la vuelta a la rutina.
