Función adaptativa

Función adaptativa de la tristeza, el miedo y la ira

¿Emociones buenas y malas?

Es frecuente escuchar a algunas personas hablar de que emociones como las señaladas anteriormente son malas o negativas, ya que suelen generar un estado de ánimo desagradable. No obstante, la realidad es que en Psicología las emociones no se definen como buenas o malas, positivas o negativas, sino que se habla de que absolutamente todas ellas son necesarias y tienen una función que cumplir.

Es complejo pensar en para qué van a servir determinadas emociones que no nos hacen sentir como más nos gusta. Por ello, vamos a analizar cuáles son esas funciones.

Si bien es cierto que, es importante, analiza cuáles son las características de dichas emociones, centrándonos especialmente en su intensidad, duración y frecuencia, ya que dichos parámetros son los que van a marcar la diferencia entre esa función adaptativa o patológica.

La tristeza

La tristeza aparece en aquellos contextos o experiencias donde ha ocurrido una pérdida, fracaso o una situación que no podemos modificar de inmediato.

Es evidente que resulta dolorosa pero, sin embargo, tiene una función sumamente importante. Y esta es la de favorecer la adaptación de la persona a aquello que se ha perdido o que no ha ocurrido tal y como esperábamos. Asimismo, la disminución de energía que se siente al estar tristes, ayuda a que la persona pueda parar y tener más tiempo para procesar lo ocurrido.

Por otro lado, la expresión facial y corporal, ayuda a que sea más fácil poder recibir apoyo emocional.

Por ello, estar triste no significa estar deprimido, ya que para poder llegar a tal diagnóstico sería necesario evaluar los parámetros señalados arriba de intensidad, frecuencia y duración.

El miedo

Igual que con la tristeza, sentir miedo causa sensaciones y pensamientos desagradables, de los que cualquier ser humano quiere huir. Sin embargo, si no existiese el miedo, probablemente las personas no podríamos sobrevivir, ya que su función principal consiste en detectar riesgos, aumentar nuestra atención y gestionar los recursos de los que se dispone para enfrentarse a una situación potencialmente peligrosa.

De igual modo, el problema ocurre cuando el miedo no se ajusta a las demandas reales, y éste se vuelve desproporcionado, dando paso a trastornos relacionados principalmente con la ansiedad. Esto es así porque no es lo mismo que una persona se esté enfrentando a un león hambriento y furioso, que lo esté haciendo a un pensamiento de algo que podría suceder pero sobre lo que actualmente no hay ningún indicio.

La ira

La ira es aquella emoción que ocurre cuando la persona interpreta que se ha producido una injusticia o un obstáculo importante para conseguir sus objetivos.

Igual que en los anteriores casos, la función de la ira consiste en incrementar la energía de que se dispone para poder actuar y defender aquello que se considera importante.

Para darnos cuenta de la importancia de la ira, basta con pensar unos instantes sobre qué pasaría si una persona no se enfadase por nada, pasase lo que pasase.

Sin embargo, este hecho no justifica que se pueda confundir ira o enfado con agresividad, ya que si bien la ira tiene una función sana y adaptativa, no lo es canalizarla a través de las agresiones, ya sea hacia uno mismo o hacia los demás.

Por todo ello, si tienes cualquier duda o necesitas asesoramiento de cualquier tipo, puedes informarte a través de los profesionales de Psicalma.

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