Hay momentos en los que sentimos que algo no va bien, pero no sabemos exactamente qué nos pasa. Estamos más cansados, irritables, impacientes o desconectados. Nos cuesta concentrarnos, dormir o disfrutar de cosas que normalmente nos gustan y entonces aparece la duda: ¿estoy pasando simplemente por una mala época o podría estar experimentando ansiedad?
La respuesta no siempre es sencilla. Sentirse nervioso, preocupado o triste forma parte de la vida y no significa necesariamente que exista un problema psicológico. Sin embargo, cuando estas emociones empiezan a ocupar demasiado espacio, mantenerse durante mucho tiempo o interferir en nuestro día a día, puede ser importante prestarles atención.
Sentirse mal no siempre significa tener ansiedad.
Todos atravesamos etapas complicadas a lo largo de nuestra vida: rupturas, problemas familiares, dificultades laborales, cambios importantes, estrés económico, enfermedades o incluso una acumulación de pequeñas preocupaciones pueden afectar a nuestro estado de ánimo. En estas situaciones es normal experimentar cierta preocupación, tensión, tristeza o cansancio.
Una “mala racha” suele estar relacionada con una situación concreta y, aunque pueda resultar difícil, con el tiempo y los recursos adecuados podemos ir recuperando nuestro equilibrio.
La ansiedad, en cambio, puede mantenerse incluso cuando aparentemente no existe un peligro presente o real. La preocupación puede hacerse difícil de gestionar y empezar a condicionar nuestra forma de vivir, pensar y relacionarnos.
Por eso, más que preguntarnos únicamente: ¿tengo ansiedad?; puede ser más útil preguntarnos:
“¿Hasta qué punto lo que estoy sintiendo está limitándome en mi vida?”
Algunas señales a las que prestar atención:
La ansiedad no se manifiesta igual en todas las personas. Puede aparecer tanto a nivel emocional como fisiológico, cognitivo y conductual.
A nivel cognitivo: puede aparecer una constante rumiación, un conjunto de pensamientos relacionados con la preocupación, anticipación o necesidad de tenerlo todo bajo control.
Quizá te encuentres pensando repetidamente en lo que podría salir mal: “¿Y si ocurre algo malo?”, “¿y si no soy capaz?”, “¿y si me equivoco?”.
A veces, incluso cuando conseguimos resolver una preocupación, aparece inmediatamente otra.
A nivel fisiológico: pueden aparecer síntomas como:
- Tensión muscular.
- Aceleración del corazón.
- Dificultad para respirar con normalidad.
- Molestias gastrointestinales.
- Sudoración.
- Temblores.
- Cansancio.
A nivel conductual: otra señal importante es empezar a evitar situaciones que nos generan malestar. Dejamos de hacer determinadas cosas, cancelamos planes, evitamos hablar con alguien, posponemos decisiones o necesitamos comprobar constantemente que todo está bien.
A corto plazo, evitar puede producir alivio. El problema es que, si la evitación se convierte en nuestra principal forma de afrontar lo que nos preocupa, puede hacer que el miedo se mantenga o incluso aumente.
Entonces, ¿cómo puedo diferenciar una mala racha de un problema de ansiedad?
No existe una regla que permita distinguirlas únicamente por un síntoma. Sin embargo, hay algunas preguntas que pueden ayudarte a observar lo que está ocurriendo:
– ¿Desde cuándo me siento así?
No es lo mismo llevar unos días especialmente estresantes por una situación concreta que sentir ansiedad de forma persistente durante semanas o meses.
– ¿Puedo desconectar de mis preocupaciones?
Ver si tienes la capacidad de apartar temporalmente esas preocupaciones o si parecen acompañarte durante prácticamente todo el día.
– ¿Está afectando a mi vida cotidiana?
Observa si está interfiriendo en tu trabajo o estudios, relaciones, descanso, alimentación, ocio o capacidad para disfrutar.
– ¿Estoy dejando de hacer cosas que antes hacía con normalidad?
La evitación puede ser una señal importante de que el malestar está empezando a limitarte.
– ¿Siento que puedo manejar lo que me ocurre?
A veces no necesitamos tener todas las respuestas, pero sí podemos notar que contamos con recursos para afrontar la situación. Si, por el contrario, tienes la sensación de estar completamente desbordado y no saber cómo salir de ese estado, puede ser un buen momento para pedir ayuda.
Desde Psicalma contamos con psicólogas especializadas que trabajan de manera online y presencial que te ayudarán a identificar todo aquello que está generando malestar y te brindarán las herramientas para poder volver a tu bienestar.
