Carta a mi yo del pasado

Como cierre del proceso terapéutico la persona escribe una carta de despedida dirigida a su “yo del pasado terapéutico”. Le expresa su agradecimiento por los servicios prestados, para que le ha servido su compañía, así como aclarar que ya no lo va a necesitar más.

Querido yo,

Te escribo para agradecerte el haber dado el paso de pedir ayuda.

Y dirás, ¿por qué? Pues porque en gran medida nos has cambiado la vida.

Ya no somos los mismos, somos más conscientes de casi todo, sabemos valorar más las situaciones, nos paramos a pensar más las cosas antes de hacerlas, controlamos mejor nuestras emociones, somos más selectivos con las personas, no vivimos por y para agradar a los demás, confiamos más en nosotros mismos, luchamos más por nuestras cosas.

Obviamente habrá momentos en los que no seamos capaces de controlar todo esto, pero eso forma parte de la vida, forma parte de nosotros, y no es malo pasar por esos momentos, todo lo contrario, nos ayudará a crecer más, sobre todo si no tenemos miedo a levantar la mano y pedir ayuda.

Te doy las gracias por no haber tirado la toalla, sobre todo al principio donde «pensábamos que era una tontería» porque no veíamos avances.

También te agradezco que tomases las decisiones que tomaste. Puedo estar más o menos de acuerdo con ellas, pero al fin y al cabo nos han traído a donde estamos ahora mismo.

Gracias por hacer los deberes, aunque nos pusieran de vagos y de que no los hacíamos…Se que en muchos momentos te costaba, bien por pereza, bien porque no te encontrabas bien, pero los hiciste y eso nos ha ayudado.

Te prometo que no volveremos a dejar que nos pisoteen, que nos machaquen psicológicamente, ni permitiré que nosotros lo volvamos a hacer a nadie.

Seguiré la lucha por los dos, habrá momentos buenos y momentos malos, pero no tiraré la toalla.

Además, ya sabes, siempre nos quedará la jefa para ayudarnos en caso de necesitarlo.

Un cordial saludo.

Te quiere

En Psicalma te ayudamos a identificar aquello que te causa malestar, a desvincularte de lo que te hace daño o ya no eliges cómo acompañante de vida, así como a aceptar aquello que no se puede modificar, convivir con uno mismo, es un trabajo profundo y a la vez reconfortante.

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